
No hace demasiados días fui a mi restaurante indio preferido. Desde luego si con alguna comida exótica debo quedarme, me quedo con la india (ñam,ñam). Ya me habían advertido otros usuarios regulares que en el restaurante habían decidido ser "creativos", ahora bailaban bailes de Bollywood mientras cenabas. No tengo nada en contra de Bollywood, ni de las bailarinas exóticas, pero sí en contra de que me distraigan mientras ceno.
Lo de la cena espectáculo no acabo de entenderlo. El espectáculo que sea antes o después, pero no en medio. Más que nada porque si atiendes al espectáculo la cena se te enfría y si atiendes a la cena el que hace el espectáculo se mosquea porque no le haces caso. Un drama.
Recuerdo una cena romántica con música de jazz, la única música que no me gusta, donde casi estuve a punto de levantarme y decirles que dejaran de tocar. Las narices y el contrabajo. Otra fue en un restaurante de especialidades sirias donde una grácil danzarina bailaba la danza del vientre entre las mesas. Una bailarina nacida en nuestro país y que había aprendido la danza del vientre en clases de baile, como descubrí a la salida del restaurante...
Y ahora la tercera, donde en un restaurante indio donde habían seis clientes, una bailarina imitaba movimientos (aquello no llegaba a ser baile) de películas bollywoodienses con una desgana tal que se te quitaban las ganas de cenar. En su disculpa debo decir que el escenario era tan pequeño y cutre que no podía moverse mucho sin romperse la crisma. Y claro, como reservas y eres cliente más o menos habitual te agasajan con la mesa más cercana, para que no te pierdas nada. Pegaditos, pegaditos. Vamos, que a la bailarina se le escapa un pie y te tira el curry por encima.
Y tú con una sonrisita de gilipollas la miras con la comida esperando, para no hacerle un feo, pensando que por favor, por su bien, que aquello sea un hobby para ganarse unas pelillas en fin de semana y no su forma de ganarse la vida. Tras veinte minutos de saltos se apagan las luces, puedes dejar de aplaudir y cenar la comida fría mientras te pitan los oídos.
El camarero-propietario diligente se acerca a la mesa y pregunta si nos ha gustado:
-Muy interesante-respondo, lo cual interpreta el camarero como "muchísimo", lo cual no era el sentido real de la respuesta. Más bien era una manera educada de decir "me parece muy interesante que ella baile con tan pocas ganas y nosotros la miremos por compromiso, mientras lo que queremos es cenar tranquilos, ¿es un experimento sociológico o qué?". Pero leer entre líneas no formaba parte de la intenciones comerciales del propietario del restaurante. Así que mi respuesta le confirmó que su negocio subiría como la espuma gracias a Bollywood.
-Pues en treinta minutos baila la segunda parte-dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Justo para los postres. Ya puestos me pedí un helado.
2 comentarios:
Sabía que te gustaba hacer el indio pero no comer tan a menudo en los indios. Pues yo, ya me puede estar bailando al lado Monica Belucci que la comida no se me enfría en el plato. Garantizado.
jo con lo de monica tas pasao
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