
Según el periódico Público, la FAO recomienda comer gusanos para paliar el hambre en el mundo. Creo que se han equivocado al redactar el titular. Más bien recomiendan que los pobres coman gusanos. Los ricos pueden tomarlos como algo exótico un día si Ferrán Adriá decide que se puede deconstruir un gusano, pero donde se pongan unas ostras y un buen beluga no me creo que el señor Botín, presidente del Banco Santander, haga caso a la recomendación de la FAO.
No es que tenga nada en contra de las propiedades nutritivas del gusano, si me paro a mirar una gamba la verdad es que es bastante asquerosa, lo cual no quita que esté buenísima. Es un problema cultural. Todo lo que vuela a la cazuela dice el dicho. Pero puestos así también somos comestibles nosotros. Cada día mueren seres humanos de viejos, en accidentes o simplemente niños que se abandonan. Vamos a comernoslos. Son proteínas, ¿no?. Muslo de contertulio de Sálvame a las finas hierbas o teta gallega a la Marta Sánchez, por poner platos nacionales. Eduardo Galeano en su libro Patas arriba: Escuela del mundo al revés nombra un grafitti en las calles de Buenos aires que decía: "Ayude a reducir el hambre y la pobreza: cómase a un pobre".
La cuestión es que para que el señor Botín coma su tronco de merluza al pil pil, medio mundo debe comer gusanos. Esa es la recomendación de la FAO, no nos engañemos.
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