Hace ya unos años que la crisis es nuestra forma de vida. Según unos las crisis sistémicas, como parece ser esta, suelen durar históricamente siete años. Como los años de mala suerte si rompes un espejo. Otros algo más pesimistas defienden que la crisis se va a convertir en nuestra forma de vida. Obviamente y como buen pesimista me apunto a estos últimos. Como siempre hay que buscar si la crisis beneficia a alguien y si es así, a quién. Y para mi beneficia a los ricos y poderosos que han encontrado en ella la forma de hacerse más ricos y poderosos gracias al miedo. ¿Por qué tendrían que parar si les funciona? Que viene el lobo. Que viene la crisis. Rebuscando entre mis montañas de papeles he encontrado un artículo que publicaba Lucía Etxebarría en enero de 2009:
Cómo crear una crisis
Los especialistas en terapia cognitiva parten de un axioma: el pensamiento crea la emoción. Uno suspende un examen yen lugar de pensar "la próxima vez lo haré mejor" piensa "todo me sale mal en la vida y siempre va a ser así". Algo parecido sucede ante una ruptura. En lugar de pensar "el/ella se lo pierde, no yo, hay muchos peces en el mar", uno piensa "no merezco que me quieran, siempre va a ser igual". De ahí la depresión.
Con la crisis pasa algo parecido: el concepto crea la situación. Se habla de crisis y la empresa A despide a varios empleados y a los que quedan les retira las bonificaciones o,si contrata a freelances, les ofrece menos dinero por el mismo trabajo, aduciendo la falta de medios. La empresa B, por inercia, hace lo propio, aunque su situación no sea desesperada. Empieza a pagar menos a sus colaboradores ya que gracias a los despidos y recortes en la empresa A, la demanda de empleo es más alta que la oferta. Como consecuencia los trabajadores tienen menos poder adquisitivo, consumen menos y la crisis se dispara. Para colmo los pocos trabajadores que aún conservan poder adquisitivo empiezan a consumir menos a su vez, por miedo e inercia. En realidad para atajar una crisis no habría que pagar menos sino más a los trabajadores, por paradójico que resulte.
En tanto yo lo crea, qué importa que lo cierto no lo sea, decía el poeta. Importa porque la realidad es subjetiva. Este es un principio confirmado neurológicamente y que explica,por ejemplo, las experiencias místicas. Habría que aplicarlo ahora a la economía.
Han pasado ya tres años largos desde este artículo y estamos todavía peor, mucho peor. Y lo que nos espera.
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