
Ya hace más de una década que leí Starship Troopers de Robert A. Heinlein, en medio de una vorágine devoradora de ciencia ficción. Llegué a la obra de rebote, por recomendación de aquellos que consideraban a Heinlein como el cúlmen de la ciencia ficción norteamericana al lado de Asimov. A un lado estaba La Fundación y al otro Starship Troopers. Para ser sinceros, las críticas se dividian entre los que amaban la obra y los que la despellejaban por militarista, xenófoba, fascista y demás.
La cuestión es que me sumé a los segundos porque el librito en cuestión me pareció nauseabundo. Aun así le di alguna oportunidad más a Heinlein con Ciudadano del Espacio e incluso Forastero en tierra extraña. Bueno que es uno. Ninguna de ellas consiguió que mejorara mi opinión sobre el autor.
Así que cuando en 1997 se estrenó en los cines Starship Troopers no le hice el más mínimo caso. Paul Verhoeven siempre me había gustado por su ironía y una violencia tan gratuita que incluso hacía gracia, pero obviamente no iba a pagar un duro más a los herederos de los derechos de Heinlein. Además las críticas de la película eran nefastas.
Supongo que no caí en que tal vez las críticas las escribieron aquellos que defendían a Heinlein. He aprovechado mi convalecencia para recuperar la peliculita y me he convencido de que el público americano ni tiene sentido del humor ni entendió la ironía. La versión cinematográfica es una crítica despiadada al libro, donde los humanos aparecen como racistas xenófobos (no sale ni un negro, ni un chino y los protagonistas que teóricamente son argentinos parecen adolescentes californianos) de estética nazi (solo hay que ver los uniformes y la propaganda de alistamiento). Supongo que no le gustó al público norteamericano que le dijeran como los ve el resto del mundo. Pero por lo que se en el resto del mundo la película tampoco tuvo demasiado éxito. Supongo que al resto del mundo tampoco les gusta que los americanos aparezcan como nazis xenófobos, después de todo son el centro y guía de nuestra cultura y espíritu (se pueden añadir risas de fondo si a alguien le apetece).
La cuestión es que la película narraba la lucha entre los humanos y los bichos, unos extraterrestres que enviaban meteoritos a la Tierra para exterminar a la raza humana. Y curiosamente los que me caían bien eran los bichos. Nunca he tenido nada en contra de los bichos y sí mucho en contra de los humanos. En contra de casi ningún bicho. De hecho hay un bicho que no soporto.
El mosquito. No es que sea una fobia. No veo un mosquito y salgo huyendo, no. Es que odio que me pique y sobretodo odio que me despierte con ese zumbido. Fui feliz cuando descubrí los matamosquitos eléctricos, pero resulta que el mosquito que teníamos por aquí es una mierda de mosquito. Los hay mucho mejores. Y ya que medio planeta emigra, el mosquito decidió buscar nuevos territorios, de hecho se paseó desde Asia hasta Europa, y se añadió un apodo: “Tigre”. El nuevo mosquito se pasa los matamosquitos por el forro de la alas, pica de día y además es de diseño, con sus rayitas blancas. El otro día paseaba por un parquecito (cosas de la edad y de la convalecencia) y me encontré con uno en mi mano. Estaba merendando el muy cabrón…
Las recomendaciones de las autoridades son descojonantes. Vienen a decir que lo mejor es que no te pique. Vamos, que si ves al mosquito debes iniciar con el negociaciones de no agresión.
-Hola mojquito, no me vas a picar verdad?
-Si, te voy a picar porque eres mi comida. Parasito que es uno.
-Pero las autoridades me han dicho que mejor no me piques porque tu picadura es muy dolorosa...
-Sabes por donde me paso yo a las autoridades…
-Por el forro de las alas…
Pues eso. Que hay veces que con enemigos así no hay manera. A ver si al final los de Starship Troopers tenían razón y el bicho bueno es el bicho muerto. Cachislamar, otro principio a hacer puñetas.
1 comentario:
Pues a mí me gustó la película y creo que también el libro. Pero supongo que yo era más radical que tú en otros tiempos(por decirlo suavemente). Günter Grass estuvo en las SS así que a mí se me puede disculpar. Y sobre la duda existencial "ser o no ser" del bicho o mejor dicho, "aplastarlo o no aplastarlo" yo nunca me he movido un milímetro de la misma opinión: "que no quede ni uno vivo". Menos mal que viene el delicioso invierno que es su peor enemigo. Ojalá fuera glaciación.
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