domingo, 29 de julio de 2007

A dos velas


Esta mañana me he levantado tarde porque el despertador no ha sonado. He ido al baño y no he podido afeitarme. No he podido desayunar, no funcionaba el microondas ni la cafetera. He tratado de consultar las noticias, pero no funcionaba la radio. He salido de casa para coger el metro, pero tampoco funcionaba. Ni un taxi ni un autobús a la vista. Andando he llegado al trabajo y he subido seis plantas a pie porque no funcionaba el ascensor. Pero ha sido inútil. El ordenador que es la base de mi trabajo no funcionaba. Sufriendo un calor horrible, me doy cuenta de que no hay aire acondicionado. Tras ocho horas sin hacer nada vuelvo a casa. La nevera no enfría y todo lo que había en su interior está en malas condiciones. Abro una lata de mejillones y ceno a la luz de una vela. Me pregunto cuanto tiempo durará la vela y cuantas latas de mejillones me quedan en casa. Cuando se pone el sol totalmente me voy a dormir. La tele no funciona.
No somos conscientes de la dependencia que tenemos de servicios que consideramos indispensables por el simple hecho de vivir donde vivimos. En Barcelona hemo pasado varios días sin electricidad y ha sido el caos. A mi no he afectado, pero si a 300.000 personas. Imaginense vivir sin electricidad. Sin agua corriente. Sin combustible. Sin esos servicios que consideramos imprescindibles. Imagínense como debe ser vivir como vive gran parte del planeta. O sin ir más lejos como vivían nuestros abuelos. Recuerdo a mi abuela hablarme de candiles de aceite y lámparas de carburo, palabras extrañas que estimulaban mi fantasía steampunk. Y hoy día forman una parte tan intrínseca de nuestra vida, que no la concebimos sin ella. Consideramos que es imposible vivir de forma digna sin esas cosas indispensables para la vida. Y es cierto, por ello la mayoría de la gente que emigra a nuestros países quiere dejar de malvivir y pasar a tener agua potable y corriente cuando abre un grifo. Y de paso comida para sus hijos. Nosotros ponemos el grito en el cielo cuando pasamos tres días sin electricidad pero no entendemos que quien no la ha tenido nunca la quiera. Nos falta perspectiva. Existe ahí afuera un mundo que no tiene nada que ver con nuestra burbuja y que quiere lo que tenemos nosotros. Cosas básicas. Bienvenidos al mundo real.

2 comentarios:

Sergio dijo...

Yo creo que la gente sí entiende que los de fuera quieran esas cosas para ellos mismos. Otra cosa es que les importe. De todas formas sería interesante averigüar qué pasaría si en esos países tuviesen todos los lujos del mundo y nos quedasemos sin inmigrantes. Probablemente nuestra economía se iría a la mierda. Los inmigrantes son nuestros esclavos felices y todavía se les mira por encima del hombro. En fín, aquí tendría tema para largos posts...
Por cierto, muy gracioso tu simulacro de persona que se ha quedado sin luz. Casi me lo creo las dos primeras líneas. Pero claro, si te hubiese pasado de verdad hubieses comenzado el post llamando hijo de puta a alguien.

David M. Alfaro dijo...

juer no me digas que no le ha pasado todo eso!!!! con la mala suerte que tiene siempre el chaval, esta escena no me sorprendio nada ! he he