viernes, 7 de septiembre de 2007

Proactividad

Según la Wikipedia, proactividad es “una actitud en la que el sujeto asume el pleno control de su conducta vital de modo activo, lo que implica la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias de la vida.”
Vamos, uno de los términos más idiotas que se ha inventado el ser humano. Se valora obviamente más a los que tienen iniciativa que a los que no, ya que teóricamente descargan de responsabilidades a los que las tienen y además les permite quejarse porque la gente lo ha hecho mal. Además el proactivo cubre las espaldas del jefe y se come todo el marrón, ya que obviamente el jefe dirá tan contento si algo sale mal: "yo no te pedí que lo hicieras, ahora te jodes por haberlo hecho". Pero si no lo haces es cuando te dicen: "¡No tienes iniciativa, no eres proactivo!¿Es que se te tiene que decir todo?".
Pues sí, se tiene que especificar todo y bien clarito, que cada uno haga su trabajo y no el de los demás o si no vamos a cobrar todos lo que cobran los jefes...a ver qué les parece.
La proactividad es una forma de meter miedo al empleado, que ahora no se debe limitar a hacer bien su trabajo sino que tiene que hacer más, sea lo que sea ese más. Y ahora viene la historia, que sin la parrafada anterior como explicación sería surrealista.
Los ingredientes:
-Una nueva mujer de la limpieza
-Un molde de silicona
-La proactividad.
La buena señora acababa de ser contratada en la empresa de limpieza y nada mas empezar recibió una reprimenda por parte de los jefes. No limpiaba lo suficientemente a fondo y el cliente se había quejado. No tenía tiempo suficiente para hacerlo todo y tampoco cobraba lo suficiente, pero esas quejas no fueron escuchadas. Pero no le convenía perder el trabajo.
Así que con buena voluntad decidió tomar la iniciativa y hacer más de lo que le correspondía: dejó el despacho limpio como era su trabajo, ordenó las muestras de productos que había por medio e incluso los metió en la nevera para que estuvieran fresquitos. Y de paso encontró unas cubiteras muy raras que decidió trocear y meter en el congelador. Las bebidas son mejores con hielo. Dos puntos más ante los jefes. Y se fue tan contenta a casa segura de que esta vez estarían contentos con su iniciativa.
Digamos de forma sutil que las cosas no fueron como ella había planeado. Todo esto hubiera estado muy bien si no hubiera topado con ciertas limitaciones mentales de la propia implicada.
Limpiar a fondo no implicaba limpiar las pantallas de ordenador, que se pueden dañar por el uso de productos químicos.
Ordenar las muestras de productos significaba eliminar el orden que tenía otro.
Los productos caducados no era necesario meterlos en la nevera, más que nada porque alguien podía consumirlos sin darse cuenta.
Y sobretodo no hay que trocear nunca el único ejemplar de muestra de un molde de silicona que se tiene que devolver a un cliente. Además teniendo en cuenta que ese molde no era para hacer cubitos, sino pastelitos en el horno y que los cubitos salen un poco demasiado grandes.
Así que la buena señora se encontró con otra bronca, esta vez monumental. Y con la amenaza de que iba a ser ella la que explicara al cliente cómo había acabado un prototipo de silicona troceado.
El panorama no pintaba bien. Aquello tenía que solucionarlo si quería conservar el trabajo. Y lo solucionó, vaya si lo solucionó. A la vieja usanza. De tal guisa:



No hay nada como el hilo y la aguja. No hace falta decir que la cosa fue a peor, si era difícil explicarle a un cliente que su prototipo había sido troceado, troceado y cosido parecía recochineo. Solo faltaba graparlo. Cosa que se consiguó evitar a tiempo.
En fin. Un drama.

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