miércoles, 8 de octubre de 2008

El zoo d´en Pitus


No recuerdo casi ninguno de los libros que me obligaron a leer de niño a no ser que vuelva a ver el título o el autor. Y eso es lo que me ha pasado con Sebastià Sorribas. En la librería me llamó la atención su libro Barri Xino, una especia de autobiografía de la infancia del autor en la triste Barcelona de posguerra y lo compré. Es un libro tierno, divertido y absolútamente recomendable de los pocos que el autor dedicó a un público adulto. Porque Sebastià Sorribas se había especializado en la literatura infantil. Y entonces se hizo la luz: ¡aquel tipo había escrito el puñetero Zoo d´en Pitus!
Es curioso las vueltas que da la vida. Actualmente estoy leyendo por voluntad propia a un autor que me obligaron a leer de niño. Nunca he acabado de entender la política de enseñanza que obliga a los niños a leer cosas que la mayoría de adultos no leeriamos. Bueno, tienen sus razones: si no han de volver de leer en su vida, al menos que hayan leido algunas de las obras importantes de la humanidad. El problema es que a los catorce no te puedes leer el Quijote, ni La Regenta por muy buenos que sean. Necesitas querer leerlos para entenderlos y apreciarlos y sobretodo necesitas entender su contexto, cosa que por mucho que se esforzaran los profesores, los alumnos olvidábamos inmediatamente por puro aburrimiento.
Yo vivía en un barrio del extrarradio donde las librerías brillaban por su ausencia. Prácticamente ningún adulto leía y el libro era un objeto considerado bastante exótico en comparación con la televisión (que sí poseían y utilizaban todos). La población infantil era realmente inmensa, así que las asociaciones de padres de los colegios estaban lo bastante bien organizadas como para proporcionar a los niños todo el material didáctico necesario para desarrollar su enseñanza. O casi todo. Porque de tanto en tanto a algún profesor se le ocurría que tal obra era imprescindible para nuestro desarrollo a mitad de curso, descolocando a asociaciones de padres y a alumnos.
Este fue el caso de El Zoo d´en Pitus. En aquella época, la literatura en catalán vivía básicamente de los colegios. Que un plan de enseñanza escogiera la obra de un autor, significaba un éxito para la editorial (supongo que no tanto para el autor, que pocos derechos debía cobrar), que se quitaba de encima el stock que tenía en el almacén enmoheciendose.
El problema era que de un día para otro la demanda de un libro al que nadie le había hecho caso subía como la espuma. Mientras duraba el stock no había problemas, el problema llegaba después. El libro desaparecía, pero las exigencias del profesor no. En clase seguía siendo obligatorio leer el libro. Libro que era imposible encontrar, hasta que se hiciera un reimpresión, cosa que tampoco se solía hacer porque la editorial no sabía si le compensaría imprimir nuevos ejemplares que se volverían a cubrir de polvo a poco que cambiara el plan de estudios.
Explicar a tus padres que era imprescindible encontrar aquel libro tampoco era de gran ayuda. Básicamente porque no tenían demasiada idea de dónde buscarlo más allá de la asociación de padres.
Las fotocopias existían pero a unos precios desorbitados. Casi salía más a cuenta copiar el libro a mano.
Hasta que la solución venía de donde solía venir siempre.
En el barrio había varias papelerías famosas por surtir al detall de todo lo necesario a los niños del barrio, incluido el tabaco. A un precio adecuado. Adecuado por ellos a la demanda, es decir, desorbitado. Y todavía no se cómo consiguieron el maldito libro que fui a comprar un sábado por la mañana con el dinero que me dio mi madre.
Una vez leído el libro me pareció lo mismo que todos los libros que me han obligado a leer en mi vida: una mierda que no valía el precio de oro que había pagado ni el esfuerzo en buscarlo. Y probablemente visto con el tiempo el libro no era ni mejor ni peor que otros escritos para el público infantil. El problema era estar obligado a leer algo que no quería y que me hizo revalorizar al pato Donald. Malditos americanos ellos sí sabian lo que me gustaba.

2 comentarios:

Sergio dijo...

Ese libro también lo leí yo y con el mismo éxito para mí que para tí. En su momento me pareció una mierda. Ahora lo tengo completamente olvidado. No sé de qué va. Sólo recuerdo los dibujos y su estilo aunque también a la dibujante. Porque era una mujer ¿No?

David M. Alfaro dijo...

ahora lo entiendo todo, uf, menos mal que yo me libré de semejante lectura !