miércoles, 20 de julio de 2005
El certificado médico
El otro día me tocó renovar el carné de conducir, experiencia que no repetía desde hace diez años. Y aparte de constatar en el carné antiguo que soy diez años más viejo que entonces (aaarrrrgh!) me ha tocado pasar el examen médico. O el simulacro de examen médico, porque puedes ser ciego, sordo, manco e ir en silla de ruedas que vas a ser válido para obtener el certificado médico. Increíble. La aparatología empleada para el reconocimiento era antediluviana e incluso me hizo ilusión ver algo parecido a un ordenador Amstrad en una de las pruebas. Pero lo mejor fue la pregunta que me hizo el especialista que fingió auscultarme (aunque pareció más bien que me santiguara: arriba, abajo, izquierda, derecha...): ¿tiene usted alguna enfermedad? Pues sí, mire, soy epiléptico, alcohólico, me inyecto heroína y soy tuerto del ojo derecho, si le parece. ¿Qué pasa, que se fían de la buena voluntad de la gente? ¿Es que quien tenga una enfermedad o minusvalía no evidente (y por evidente debe ser que le falten las dos piernas como poco) se lo va a decir para que le niegue el certificado y no pueda obtener el carné? Es que es absurdo. Y peligroso. Hay gente que no debería conducir (muuucha gente) y sin embargo obtener un certificado médico se reduce a una cara (45 euros del ala) comedia. Y después nos extrañamos de que haya accidentes.
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