
La economía del fraude inocente (John Kenneth Galbraith, Ed. Crítica) es uno de aquellos libros que se deben leer obligatoriamente si se quiere entender algo de nuestra realidad política y económica. Lo que Galbraith afirma es lo que sabemos todos, lo que es vox populi, lo que dice todo el mundo EXCEPTO aquellos que lo ponen en practica, es decir, el mundo empresarial y el político. Pero con una única y fundamental diferencia, que Galbraith es un muy reputado economista, que tiene casi ochenta años y que ha visto de todo. Su análisis se fundamenta en una vida de estudio. En pocas palabras lo que Galbraith dice es que para robar todo lo que quieras solo debes hacerlo a la más gran escala posible y no necesitar lo que robas. A esa escala puedes hacer lo que quieras sin deber explicaciones a nadie.
Y es así, tan claro como eso. Los directivos de la grandes corporaciones ganan todo el dinero que quieren, pues ellos mismos se ponen los sueldos, se fijan previsiones de crecimiento imposibles de alcanzar y cuando estas no se alcanzan, despiden trabajadores y fuerzan a los que quedan a trabajar más amenazándoles con la sombra del despido. Y todo para qué, para obtener más ganancias que repercuten en el aumento de sueldo de los directivos de las grandes corporaciones que curiosamente y repito, se ponen ellos mismos.
Y esto lo toleran todos nuestros sistemas políticos europeos y americanos. Esos sistemas y esos políticos que dicen representarnos a todos, suelen representar mucho más a algunos. ¿Cuantas de las decisiones que toman nos benefician realmente a la mayoría? Muchos de esos problemas se solucinarian con una serie de leyes básicas como que ninguna empresa puede despedir trabajadores si obtienen beneficios. Y obviamente habría que seguir sus cuentas muy de cerca, porque simular pérdidas es muy sencillo. Pero claro, esto sería una política intervencionista en un libre mercado. Vamos un pecado. Cualquier empresario que se precie ya estaría gritando al leer esto, porque esto limita su libertad de acción y de obtener el máximo de beneficios posibles. Pues bien quizas se debiera diferenciar entre mucho beneficio y el máximo, porque el máximo beneficio nos perjudica a la mayoría.
Si se le pregunta a cualquiera que religiosamente pague su IRPF quien debería contribuir más, la respuesta indefectiblemente sería "quien más gane". Pues no. Quien más gana es quien tiene más medios para contribuir menos.Y la política gubernamental clásica es que paguen poco porque así al menos pagan algo, pues si no se las ingeniarian para no pagar nada (?). Pero eso sí, los que no tenemos medios para ingeniarnoslas y no pagar nada, lo pagamos todo. Aquí hay alguien que es idiota.
1 comentario:
Hmmm, interesante... Ya era hora de que reseñases libros de ese género que me gusta tanto: el terror.
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