
A voz de pronto recuerdo dos obras con este nombre, un libro de cuentos de John Varley y uno de los capítulos de la serie de divulgación científica Cosmos, de Carl Sagan.
El libro de Varley no viene a cuento (precisamente), pero el episodio de Cosmos narraba las características del cerebro y cómo conservamos la información. A lo largo de los años el tema ha vuelto recurrentemente a mis manos y siempre con una conclusión central: el cerebro nos engaña. Nuestra querida nuez grisácea es muy selectiva y más que recordar recrea, sobretodo con los recuerdos más antiguos. Las cosas no son como fueron sino como creemos que fueron. El cerebro nos proporciona una aproximación, una película reconstruida, hasta el punto de que podemos recordar escenas en tercera persona donde nosotros somos los protagonistas. Curioso. Nosotros no nos podíamos ver a nosotros mismos y sin embargo aparecemos en el recuerdo como un actor más.
Todo esto viene a cuento porque estoy digitalizando mi archivo fotográfico y viendo fotos que hace años no veía. La sensación es muy extraña. Las fotografías conservan su información intacta, mientras que yo en muchos casos recuerdo las escenas, pero desde otros puntos de vista o incluso con otra gente. Y sin embargo no fue así la realidad. Ver las fotos de nuevo está reconstruyendo mi historia personal. Estoy redituando situaciones y gentes. Sin embargo ayer mismo estaba convencido de que las cosas eran de otro manera y de que mis recuerdos eran correctos.
Nuestra vida se basa en las experiencias de nuestro pasado y cuando debemos actuar en nuestro presente buscamos en nuestra memoria para saber si ya antes nos habíamos encontrado en una situación parecida y evaluar cómo actuamos. Y si encontramos ese recuerdo actuamos en consecuencia. Pero no necesariamente las cosas fueron como nos dice la memoria.
En una de las fotos aparezco con cuatro años. No recuerdo absolutamente nada de aquel momento. Nada. Y sin embargo parecía un momento feliz, junto a mis padres disfrutaba del campo. Si me hubieran puesto una foto de cualquier otro niño, la sensación hubiera sido la misma. ¿Es la misma persona el niño de aquella foto y yo varias décadas después?¿Tenía los mismos defectos o virtudes de carácter que tengo yo ahora? Probablemente, pero no hay ninguna conexión, ningún recuerdo que nos una.
Por un lado me atemoriza y por otro me consuela. Me atemoriza el pensar que solo el pasado reciente está claro en mi memoria y me consuela pensar que todas las malas experiencias por las que he pasado quedan atrás, como si hubieran sido vividas en otras vidas.
1 comentario:
Incluso pareces poético en este post. Y lo consigues explicando cómo tu memoria se deteriora por culpa de la edad. No te preocupes que ya te recordaré yo los agujeros negros de la memoria. Yo tengo la mía en forma.
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