domingo, 2 de julio de 2006

¿Es un pájaro?¿Es un avión? Definitivamente: ¡Es un pájaro!

Pero un buen pájaro. En los periódicos se destacaba esta semana la incompatibilidad del cargo ostentado por nuestro héroe nacional José María Aznar, al que desde este momento denominaré por su nombre de batalla: Ánsar. Pues bien, parece que a todos aquellos que han pasado por la presidencia de gobierno, se les ofrecía un cargo vitalicio en el Consejo de Estado, vinculado a un buen sueldecito, con lo cual los susodichos podían dedicarse a vivir la vida sin pegar golpe como premio a los servicios prestados. Prestados, que no regalados.
Con un único inconveniente, este cargo era incompatible con otras actividades económicas. Una cosa es que vivas de gorra de las arcas públicas, pero por lo menos no te forres en las privadas.
Calvo Sotelo y González renunciaron a formar parte del consejo de estado y ambos volvieron al mercado laboral (a los dos se les vio en su momento ejerciendo uno de filatélico y el otro de agricultor de bonsáis), para ganar mucho más de lo que les daba el Consejo de estado se supone que como consejeros. Supongo que saber los secretos del estado ayuda a aconsejar mucho a la empresa privada.
No se lo que hizo Adolfo Suárez, pero Ánsar fue el único que aceptó el cargo en el Consejo de Estado. Una mente clara y dotada como la suya debía estar al servicio de la patria y el dinero nunca viene mal. Solo había un problemita.
Gracias a las amistades internacionales de Ánsar, el magnate del periodismo norteamericano, Rupert Murdoch lo tenía en plantilla por la mísera cantidad de 10.000 euros mensuales. En calidad de qué lo tenía en plantilla no esta muy claro. Yo personalmente creo que por su don de gentes, su atractivo y su gran dominio del idioma inglés. Poca gente puede declamar las obras completas de Shakespeare sin mover la boca. Murdoch vio a Ánsar en aquellas famosas imágenes de las Azores, cuando los tres pilares de la democracia occidental personificados en Bush, Blair y Ánsar nos metieron en una nueva cruzada por sus santos cojones. Esa imagen de Superman viril, con su bigote impecable, salvador del mundo le enterneció las neuronas.
Y ya se sabe como son los americanos con sus mitos. Si hay un Superman debe haber un Clark Kent, así que en sus ratos libres, el salvador de la cristiandad se dedicaba al periodismo sin escribir una letra.
Pues bien, eso es incompatible con su cargo en el Consejo de Estado, pero ojos que no ven, corazón que no siente y Ánsar no dijo ni mu. Hasta que alguien (¡malditos rojooos!) estiró del hilo.
En fin vayan ustedes a saber en qué acabará el culebrón de Superánsar. Lo que está claro es que si Brandon Routh no da la talla como el nuevo Superman, aquí tenemos a un substituto patrio. Imagínense al futuro Superman con bigote y un pelín de acento cuando habla en inglés....

1 comentario:

Sergio dijo...

¡Qué ganas tienes de meterte con la gente que se gana honradamente la comida! Sólo faltaría que atacases a Bush el samaritano. ¡Desalmado!