martes, 19 de febrero de 2008

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Esta mañana, esperando en un semáforo durante 30 segundos han pasado delante mío cinco 4x4. El semáforo no estaba precisamente en medio de ningún desierto, ni montaña, ni riachuelo. Era un semáforo totalmente ciudadano un día laborable cualquiera. Y obviamente cada vehículo sólo lo ocupaba el conductor.
Es curioso cómo los elementos indicadores del estatus social van variando. Uno diría inocentemente que la gente adquiere esos coches porque los necesita, pero ¿en una ciudad quien necesita un coche así? Así que la realidad es la inversa, esos coches les dan un estatus a sus propietarios y por ello los adquieren. No todo el mundo puede comprar un 4x4 carísimo que en realidad no sirve para nada en una ciudad. Pero curiosamente tampoco puede todo el mundo comprarse un mono tití y las clases pudientes no van por la calle con uno (incluso don Jaime de Marichalar se deshizo del suyo...).
Supongo que es una cuestión visceral. Yo soy rico y quiero un coche más potente, que corra más y que sea más grande que el de los demás. Más de todo. Igual que si soy poderoso me tengo que liar con Carla Bruni (y que le den al 4x4...).
Su problema es que la sociedad se ha ido uniformizando poquito a poco. Antes la señal de estatus era tener coche porque nadie lo tenía. Después lo tuvo todo el mundo, con lo cual se pasó a tener un coche de lujo. Ahora ves BMW y Mercedes en cualquier lado, con lo cual se pasa a los 4x4 y cuando en unos años la ciudad esté llena de 4x4, se pasará a los trailers de 16 ruedas. Esperando en mi semáforo matutino de peatón pasarán cinco camiones vacíos, con un único pasajero que irá a trabajar trajeado de marca y conduciendo el camión más potente y grande del mercado.

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