lunes, 18 de febrero de 2008

Divagando


Cuando estoy deprimido mi consuelo es vagar por las librerías. Siempre encuentras algo que te distraiga y te haga pensar en cosas nuevas. Y vagando, vagando me encontré en la sección de cursos de idiomas. Siempre he encontrado un poco absurdo aprender a hablar un idioma con un libro. El libro no habla, ni te ayuda a pronunciar, como mucho incluye la transcripción fonética. Es algo así como un libro de autoayuda de idiomas. te hace creer que te va a servir de algo hasta que te enfrentas con la cruda realidad: que no sirve para una mierda. Tú vas con tus frases aprendidas y recitadas en un perfecto idioma estandar de libro y te encuentras con que el nativo te habla con su perfecto idioma de cada día, con sus dejes, giros y retruécanos típicos, que para eso él usa su idioma cada día y tú vienes de turista sabiondillo. Imaginemos a un alemán tratando de comunicarse con un gallego profundo o un andaluz cerrado. Lo lleva claro. Y es casi imposible que ni el gallego ni el andaluz eliminen sus acentos porque todo su entorno lo comparte. Incluso si les preguntaran estoy casi seguro de que ni siquiera serían consciente de tener un acento.
Libros de idiomas hay de mil y un tipos, desde los simples ejercicios que complementan a las clases(y que deben ser lo único que funciona), a los diccionarios, libros de conversación y métodos de idiomas.
Los diccionarios son curiosísimos. Para ellos no existen las cosas más básicas, como los insultos o la jerga. Supongo que en esos diccionarios de seis kilos y dos millones de términos sí hay sitio, pero en diccionario de bolsillo no. Busquen "mariposa" en un diccionario de bolsillo. Fijo que encuentran la palabra. Busquen "cortado". Como mucho encontrarán el verbo cortar. Ni una referencia al café con un poco de leche. Y si usted se va a cualquier país vecino dudo mucho que le apetezca comprar mariposas, pero sí tomarse un café calentito. El colmo de la practicidad.
Los libros de conversación son igualmente prácticos. Consisten en memorizar frases de la vida cotidiana que te pueden salvar la vida en cualquier momento. Léase "¿dónde está el lavabo?", "¿cuanto cuesta esta mariposa?" o "quiero un cortado". Pero no todo es un nido de felicidad porque cuando has conseguido pronunciar la frase con un mínimo de coherencia para tu interlocutor, este responde a tu pregunta. Y no responde cogiendote de la mano y llevándote al lavabo, cosa obviamente ofensiva (aunque bien mirado altamente práctica), sino que te indica cordialmente que tienes que bajar a la segunda planta, recorrer un largo pasillo, y justo cuando pasas el almacén giras a la izquierda y allí lo tienes. Fácil, pero todo ello en alemán, francés, inglés o chino. Y tú respondes con un "gracias" recién aprendido y vuelves a sentarte en la mesa para aguantarte hasta que llegues al hotel.
Y por último están los métodos de idiomas. Estos compiten por enseñarte idiomas en el menor tiempo posible, que varía de un més a una semana. Vamos, que si te lo montas un poco bien, y tienes algo de tiempo libre en un año aprendes doce idiomas si vas poco a poco y 52 si vas a saco. Yo no sé por qué la gente no es políglota con lo fácil que es. Y después está lo mejor de lo mejor. El libro que te ayuda a aprender cualquier idioma en 7 dias. Propongamos por proponer: el chino. Un Idioma con 47.000 ideogramas, silábico y que los propios chinos tardan media vida en entender, tú por ser europeo lo aprendes en siete. Milagros de la genética.
Ante tanto despropósito lo que propongo son libros de mímica. Si hay libros de idiomas sin audio, no veo el problema para hacer libros de mímica. Serían igual de útiles. Además la mímica sí que tiene la ventaja de ser razonablemente universal y te pueden contestar igual, con gestos. Además si te lo montas un poco bien puedes sacar un dinerillo del viaje, haciendo de estatua humana o de memo. Perdón, quería decir mimo.

1 comentario:

Sergio dijo...

Pues yo para entender mejor a la gente intento ir a países dónde desconozco el idioma. Aquí parece que hablo en chino.